sábado, 26 de febrero de 2011

LA SOCIEDAD EUROPEA EN EL SIGLO XIX: LA SOCIEDAD INDUSTRIAL

La revolución industrial provocó profundos cambios no sólo en la economía, también transformó la sociedad del siglo XIX, cambiando costumbres, imponiendo nuevos gustos, renovando el sistema de clases sociales. Los cambios fueron de tanta importancia que se habla de una “sociedad industrial” para diferenciarla de la sociedad anterior, pre-industrial o agraria.
La sociedad pre-industrial era mayormente campesina: más del 80% de la población vivía en el campo y dependía del trabajo de la tierra. Los campesinos y artesanos trabajaban con sus familias. La familia era una unidad de consumo y también de producción, autoabasteciéndose de los productos que se consumían. Los medios de producción (talleres, herramientas, animales de tiro) eran de propiedad familiar y las técnicas de trabajo se regulaban por la tradición y podían pasar cientos de años sin tener innovaciones. La vida era simple y las necesidades escasas, pues aunque carecían de muchas cosas (suficientes alimentos y vestimentas, abrigo, medicinas, confort) no sentían necesidad de tenerlas y podían vivir sin ellas. Las epidemias se tomaban como males irremediables, los hijos “los mandaba Dios” y tenían tantos como podían. Lo “nuevo” provocaba temor.
La revolución industrial cambió esta forma de vida.

LAS CONSECUENCIAS SOCIALES DE LA REVOLUCION INDUSTRIAL
Crecimiento demográfico.- Al comenzar el siglo XIX la población europea era de 266 millones de habitantes y al terminar el siglo superaba los 400 millones. La causas de este aumento son varias:
1) Mejoró la alimentación al rendir más la agricultura por el uso de la maquinaria, fertilizantes y nuevas técnicas agrícolas.
2) Los adelantos en medicina y el uso de medicamentos que permitieron prevenir enfermedades, curar con eficacia y realizar intervenciones quirúrgicas.
3) La ausencia de grandes guerras luego del período napoleónico.
La natalidad se mantuvo en gran parte del siglo XIX en los mismos niveles que épocas anteriores, aunque hacia fines de siglo comenzó a disminuir. La mortalidad descendió y el promedio de vida fue aumentando lentamente. La mejora de los transportes y la refrigeración permitieron trasladar a Europa alimentos ricos en proteínas y calorías. El desarrollo de la industria química y la labor de investigadores como Luis Pasteur permitieron luchar con más eficacia contra las enfermedades.

los cambios económicos y sociales
impulsan la emigración
Migraciones.- Hasta 1850 fueron excepcionales, pero desde allí adquirieron una intensidad extraordinaria. Se estima que en unos sesenta años emigraron 50 millones de europeos y su destino fue generalmente América, especialmente EEUU, Canada, Brasil, Argentina y también se trasladaron a Australia y Nueva Zelanda. Los países desde donde salió más población fueron Inglaterra, Irlanda, Alemania, Italia y España. Una migración muy particular fue la de los rusos que en cifra aproximada a los 10 millones pasaron de la Rusia europea a la Rusia asiática.
Los factores que impulsaron las migraciones fueron varios:
1) La ruina de las pequeñas industrias familiares que no pudieron competir con las fábricas.
2) La ruina de los artesanos que tampoco podían competir con las fábricas.
3) La desocupación masiva en el campo generada por el cercamiento y la mecanización del trabajo agrícola.
4) Las oleadas de desocupación en las fábricas cuando alguna innovación técnica (una nueva máquina) quitaba trabajo a los obreros.
5) Las crisis de superproducción que obligaba a los fabricantes a despedir personal.
6) Las persecuciones políticas, sindicales o religiosas.
La mayor rapidez y seguridad del transporte marítimo con la navegación a vapor y el abaratamiento de los pasajes favorecieron la migración. Los países americanos estimularon el traslado de inmigrantes porque necesitaban mano de obra e incluso se formaban empresas para traerlos y les pagaban el pasaje a cambio de trabajar cuando se instalaran en América. A veces se cometían abusos y los inmigrantes se transformaban en “esclavos blancos”. Empresarios inescrupulosos contrataban barcos antiguos y pequeños donde traían a los inmigrantes sobre la cubierta en malas condiciones y como si fueran parte de la carga.
Los países europeos veían con buenos ojos la salida de población de sus territorios porque:
- desahogaba las presiones internas sobretodo en momentos de crisis.
- los inmigrantes que instalados en otros continentes progresaban económicamente querían comprar productos europeos y se transformaban en nuevos mercados de consumo.

Concentración urbana.- Antes de la revolución industrial existían grandes ciudades pero eran escasas y se trataba de sedes de gobierno y centros comerciales. Las ciudades pequeñas dependían de la zona rural y no existían grandes diferencias entre la vida urbana y la vida rural.
Con la revolución industrial se desarrolla la urbanización. Esta tiene dos aspectos: por un lado el aumento de la población que vive en las ciudades y por otro el aumento de la influencia de la vida urbana sobre la rural, es decir la ciudad como centro dominante desde donde se gobierna, se imponen modas y se difunden ideas, a tal punto que se identifica urbano con civilizado y rural con bárbaro o primitivo. La ciudad se identifica con progreso y lo rural con atraso.
El crecimiento de las ciudades fue creado por el éxodo rural. Los campesinos fueron expulsados por el cercamiento de los campos comunales y la mecanización del campo. Además el desarrollo de las fábricas estimulaba el traslado hacia la ciudad con la ilusión de conseguir trabajo y vivir mejor.

Los barrios obreros
Entre los habitantes de la ciudad figura una multitud de trabajadores manuales cuyas vidas transcurren en diario contacto con las máquinas y un grupo menor, pero siempre creciente, de empleados de oficinas, bancos y tiendas. Aumenta el número de profesionales y surgen nuevas profesiones debido a la diversidad de tareas que se desarrollan en la ciudad. La estratificación (la división en clases sociales) se hace mucho más compleja.
La urbanización acelerada tiene sus consecuencias: crecimiento desproporcionado del tamaño de la ciudad, necesidad de más viviendas, suministrar más servicios (agua, iluminación, saneamiento), más transportes y, al crecer estos, el problema del tránsito urbano.

Transformación de las costumbres.- La sociedad industrial, urbanizada y mecanizada, desarrolló modelos de comportamiento y valores distintos, y a veces opuestos, a los de la sociedad agraria.
En la sociedad industrializada y urbanizada hay más individuos juntos físicamente pero que se conocen menos entre ellos. Se achica la distancia física entre los habitantes de la ciudad pero se vuelven más distantes las relaciones y más indiferentes son las reacciones frente a lo que le sucede a los demás.

Las mujeres reclaman sus derechos
Disminuye la solidaridad pero se es más tolerante con el que es distinto. No hay tanto temor a la innovación porque lo nuevo es algo cotidiano y el hombre se acostumbra a vivir en cambio permanente: no es nada extraño que en su vida cambie varias veces de casa, de barrio, de trabajo, etc. El hombre en la ciudad industrial puede desempeñar distintos roles o funciones porque debe ocupar más posiciones sociales. Mientras en la sociedad pre-industrial importa mucho la familia en la que nació, en la sociedad industrial se valora más lo que se puede lograr en la vida; hay competencia para lograr los mejores puestos d trabajo, mejores salarios, más reconocimiento social.
A diferencia de la sociedad agraria donde los individuos se sienten más unidos y protegidos en los pocos grupos de los que se puede formar parte, en la sociedad urbana industrial las personas pueden sentirse más solos y aislados aunque forman parte de muchos grupos y están rodeados de muchas personas.

Cambios en el rol de la mujer y la familia.- No es cierto que la mujer se incorpora al mundo del trabajo con la revolución industrial al ingresar a las fábricas. Desde siempre la mujer participó en el trabajo y en la sociedad agraria sembraba y cosechaba junto con el hombre. La diferencia está en que al ingresar al trabajo industrial desempeña tareas alejadas de su casa y de su familia y en horarios que pueden ser distintos a los del trabajo del resto de los miembros de su hogar. Si tenían horarios de trabajo distintos ni se veían los esposos entre ellos y las relaciones dentro de la familia comenzaron a disminuir, mientras aumentan los vínculos de la mujer fuera de su hogar (con las compañeras de trabajo, con el sindicato, etc). Una consecuencia de esto es la disminución de la autoridad del marido.
La maquinaria y el trabajo automatizado le permitieron a la mujer realizar tareas similares a los del hombre y las muchachas que trabajaban en las minas, tiznadas y con mamelucos, no se distinguían en su apariencia de sus compañeros varones. La ley seguía discriminando a la mujer pero la realidad la estaba igualando con el hombre a pasos agigantados.
La necesidad de cumplir extensos horarios de trabajo no permiten a la mujer atender a sus hijos y se reduce el número de estos; las familias son más pequeñas. Además en la ciudad falta espacio y no se necesita tener una amplia descendencia para ayudar en las tareas como en el campo. Como la familia sigue siendo una unidad de consumo, pero ya no de producción, cada hijo significa más bocas que alimentar pero no necesariamente más brazos para producir.


LAS CLASES SOCIALES
La industrialización terminó de hundir el sistema estamental y consagró el sistema de clases sociales donde la cuna cuenta menos y el dinero y lo obtenido durante la vida cuentan más. En Europa Occidental la aristocracia pierde su gravitación en la vida política, aunque conserva algunos cargos vinculados a la diplomacia y al ejército. La burguesía llega a su apogeo e impone sus gustos a la sociedad. La vida de los campesinos no cambia mucho y muchos de ellos emigran hacia las ciudades encandilados por el estilo de vida que allí supuestamente se les ofrece. Se forma la clase obrera que va a ser la mano de obra necesaria para el desarrollo industrial desplazando a los artesanos.


Los pintores del siglo XIX
retrataron la típica imagen del burgués
LA BURGUESÍA
Domina políticamente a través de las asambleas y los ministerios, ya que el voto censatario la favorece: votan los que tienen propiedades o dinero. Ella es la que hace las leyes y lo hace pensando en obtener más beneficios. Los integrantes  de la burguesía dirigen la administración, la educación y la economía.

Pero no se trata de un grupo monolítico porque sus integrantes varían en cantidad de riqueza y en los objetivos que siguen. Está en la cúspide la alta burguesía, que son los empresarios, los banqueros, los propietarios de fábricas, ferrocarriles, minas, grandes comercios y tierras. El gran burgués es ambicioso y se mantiene ajeno a todo lo que no sean negocios; espera con ansiedad las cotizaciones de la bolsa, piensa como obtener más ganancias y eliminar la competencia por cualquier medio. Ellos impulsaran los monopolios. Es respetado y temido por los políticos, recibe condecoraciones y trata de casar a sus hijas con aristócratas, aunque en el fondo desprecia a la nobleza. Su familia, especialmente su esposa, le sirve de ornamento en la sociedad. La baja burguesía está formada por comerciantes minoristas, tenderos, que admiran al gran comerciante y tratan de imitarlo. El pequeño comerciante tiene menos capacidad de inversión y para mejorar sus negocios debe recurrir a los préstamos, pero desconfía de los bancos. Cree que el ahorro es la base de la fortuna pero espera “un golpe de suerte” para enriquecerse y ascender socialmente. Se esmera en la educación de sus hijos para que hagan una carrera universitaria porque tener un título universitario también permite acceder al prestigio social, ser admirado y codearse con la gran burguesía.
La burguesía se reune en los cafés
Dentro de la baja burguesía también están los funcionarios de jerarquía, directores de empresas u oficinas públicas, profesionales, que aunque viven de un salario no quieren que se les considere trabajadores para diferenciarse de las “clases bajas”. También están los intelectuales y artistas que tuvieron variadas actitudes: algunos fueron fieles intérpretes de los intereses de la burguesía y la ensalzaron a través de sus obras; otros la criticaron y ridiculizaron, impulsando actitudes antiburguesas.

La familia burguesa estaba basada en la autoridad paterna. La ley consagraba el poder del marido sobre la esposa y del padre sobre los hijos. El salario o los bienes que poseen los hijos y la esposa pertenecen al padre; la patria potestad establece los derechos del padre y las obligaciones de los hijos. El dirige su hogar como si fuera su empresa. La mujer burguesa es educada para ser sumisa. Su educación se realiza generalmente en un convento para que aprenda “buenas costumbres” y sepa comportarse “moralmente”. Aprenden dibujo, música, bordado y danza, Estudiar piano es importante porque ese será un signo de distinción para las adolescentes “de buena familia”. A las jóvenes generalmente le eligen un novio y la casarán. El ideal es que su vida sea una reiteración de la vida de su madre pero con más dinero. Recibir y devolver visitas, acompañar a su esposo al teatro o la ópera, dirigir a la servidumbre, ser fiel esposa y buena madre es lo que se espera de ella.
La burguesía disfruta de sus momentos libres
Para el hijo varón era importante que obtuviera el título de bachiller o sea terminar estudios secundarios, porque esa era la barrera que lo separaría de “los de abajo”. Un burgués no se sentía satisfecho si sus hijos barones no pasaban el bachillerato. Y mejor aún si seguían una carrera universitaria: doctor en leyes o en medicina eran las preferidas. No importaba mucho el estudio o el conocimiento que se adquiriera con ellas; lo que interesa es tener un título porque esto aporta prestigio y renombre. La educación no estaba diseñada para desarrollar personas sino para clasificarlas.
Tener una vivienda amplia, cómoda y bien decorada era importante. Los burgueses preferían las zonas residenciales en los alrededores de la ciudad, con jardines y donde pudieran recibir a sus amistades en banquetes y recepciones. Además de los banquetes, la ópera, los conciertos, el teatro y asistir a cafés y restaurantes, eran parte de sus diversiones. Aunque no entendiera de arte, visitaba museos y galerías y compraba cuadros; fomentar el arte y dialogar con los artistas era la forma en que el gran burgués aparentaba su espiritualidad y su buen gusto.
Para el burgués la vestimenta requiere un cuidado especial porque es parte de la apariencia y, generalmente, toma lo aparente como real. La levita oscura, el sombrero de copa y la corbata son indispensables para ser considerado “un señor”. Y para completar la buena imagen agrega bastón y reloj de bolsillo con cadena de oro al que observa seguido porque para él el tiempo es dinero.

LOS OBREROS
Con la industrialización y el trabajo en las fábricas surge una nueva clase social: la clase obrera. Las penurias de esta clase social, a pesar de su magnitud, no eran un novedad. Antes de la clase obrera había gente que vivía tan mal o peor. Pero con la urbanización la miseria era de muchos que vivían juntos lo que resultaba espectacular a la vista de los demás. Además la concentración de muchos obreros son problemas comunes y oportunidades para reunirse, era propicia para la solidaridad y la adopción de medidas en común.
Trabajo femenino en una fábrica
El trabajo obrero, en especial en la primera mitad del siglo XIX, se hacía en condiciones lamentables. El horario era excesivo, no existía un horario fijado por la ley y dependía del patrón, siendo común las jornadas de 14 a 16 horas. Las instalaciones fabriles eran insalubres, en ambientes cerrados, llenos de humedad, polvo y pelusa, sin ventilación. No existían medidas de protección contra los accidentes de trabajo ni seguros en caso de ocurrir alguno. Los salarios estaban por debajo del nivel de subsistencia y era muy difundida la idea de que debía ser así para asegurarse mano de obra permanente. El salario lo fijaba el patrón en acuerdo con cada obrero; como era mayor el número de desocupados que el de puestos a ocupar, los obreros tenían que aceptar el salario que el patrón proponía, sino éste buscaría a otro trabajador que aceptara un sueldo bajo.
Los reglamentos de las fábricas eran severos: cualquier falta cometida por leve que fuera era sancionada con descuentos o despido. Los obreros provenientes del medio rural, acostumbrados a trabajar al aire libre, con horarios flexibles y donde se intercalaba el trabajo con el descanso, eran los más sufrían con esos reglamentos. Estaban hechos para ellos, para disciplinarlos y transformarlos en una “parte” más del sistema fabril.
La máquina y la automatización (trabajo en serie o taylorismo) mecanizaron el trabajo e hicieron más simples y rutinarias las tareas. Los obreros entraban a un ahora determinada y se colocaban junto a la cinta de montaje donde pasaba el resto del día. No podían abandonar el lugar mientras no llegaran otros a suplantarlos y las idas al baño estaban limitadas. Con la automatización el obrero ya no tenía que dar muestras de iniciativa porque su tarea consistía en repetir siempre el mismo movimiento. Sustituir un obrero era fácil porque como su tarea es simple, cualquier otro puede aprenderla en pocos días o incluso en pocas horas. El obrero es sustituible, la máquina es imprescindible: aquel queda supeditado a ésta.
Niños trabajando en una fábrica
Carlos Marx señaló: “ Ya no es el obrero el que emplea los medios de producción sino los medios de producción los que emplean al obrero. En lugar de ser consumidos por aquel como elementos materiales de su actividad productiva, lo consumen a él como fermento necesario de su propio proceso vital”
En las cercanías de las fábricas y lejos de los barrios residenciales de la burguesía se encontraban los barrios obreros. La mayoría eran viviendas precarias sin luz, mal ventiladas. En ocasiones, como pasaba en algunas ciudades francesas, deben alquilar piezas subterráneas, sótanos húmedos donde varias familias comparten unos pocos metros cuadrados. En los barrios obreros que se han formado junto a las fábricas el paisaje es gris por el humo, el hollín y los restos de carbón. En las afueras de la ciudad se fueron estableciendo los recién llegados del campo causando el crecimiento hacia los costados de las ciudades.
La alimentación no era muy superior a la vivienda. Se componía ordinariamente de cebada cocida mezclada con café o leche y pan con manteca, sopa de legumbres y carne de buey, arroz y papas.  A la sopa se le agregaba grasa para aumentar las calorías necesarias para las largas jornadas de extenuante trabajo. Recién muy avanzado el siglo XIX y en base a la propia movilización de los obreros que permitió mejorar sus salarios, fue accesible el consumo de carne vacuna u ovina. La invención del frigorífico permitió a Europa importar carne de América o Australia abaratando su precio.
El trabajo de las mujeres y de los niños fuera del hogar y en horarios distintos a los del padre destruía los lazos de unión familiar. Los hijos que trabajaban no concurrían a la escuela y estaban condenados a repetir la condición miserable de sus padres. Las privaciones, las miserias y la falta de esperanza arrastraba a los trabajadores hacia las tabernas y el alcoholismo era un escape.






2 comentarios:

  1. Muy buena información. Me sirvió mucho. Muchas gracias!

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  2. Un saludo , soy profesora de Historia .Estuve 6 años viviendo en el extranjero , buscando información me encontré con éste blog .Meritorio y mu h buena disposicion .Muy bueno es compartir y ser solidario .Gracias mucha gente leerá .

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